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La puerta.

Era una mañana gris y pesada, del tipo que solo se presencia un domingo. Alberto se despertó jadeando un poco por el sudor que empapaba la almohada y no tardo mucho en notar que la luz se había ido, probablemente hacia horas, se levanto de la cama tambaleando un poco, apenas despierto, y tras dar un pequeño vistazo con su visión borrosa por los apenas iluminados cuartos y el largo pasillo se dio cuenta de que estaba solo.

Lo primero que hizo fue ir en dirección al baño, que quedaba bastante cerca de su cuarto por lo que esto no presento realmente mucho problema para él, pero llego a abrir el grifo, solo para descubrir que tampoco había agua, así que con cierta brusquedad se llevo los puños cerrados a los ojos tratando de quitarse las lagañas, cuando repentinamente escucha un sonido familiar “Abreme!!!”, era la voz de Maria, quizá por estar todavía algo dormido se tardo un momento para enfocar la vista y dejar de lado el impacto inicial para ir, cuando vuelve a sonar “Tock… Tock… Tock…” cayendo en si rápidamente recordó que estaba solo, así que su novia, Maria, había salido temprano y debía ser ella, así que el hombre grita sin mucho ánimo “voy!”.

El paso por el largo pasillo apenas iluminado por la luz residual de las ventanas de los cuartos, pasando la sala, la cocina, para llegar a la entrada trasera que es donde se oía el sonido. Se palmeo la cabeza en cuanto llego pues no había llevado las llaves, y dice “Un momento, se me quedo la llave” y quizá evitando ver a la ventana por no ver la frustración en la cara de su novia fue con la mirada recta hacia el pasillo de vuelta al cuarto.

Estuvo buscando las llaves a lo largo de quince minutos que él sentía como eternos, pero el corazón le pego un vuelco cuando comenzó a escuchar otra vez, pero con más fuerza”TOCK, TOCK, TOCK, TOCK” así que acelero el paso, pero no termino allí, pues los toques se hacían más fuertes, más rápidos, más desesperados, a veces acompañados de gritos y sollozos “ABREME!”  Gritaba y el alarmado deja de buscar la llave de la casa y toma de su escondite su llave personal y va corriendo como alma que lleva el diablo hacia la puerta trasera, que sufre los impactos seguidos de gritos y sollozos y suplicas, el hombre estaba desesperado, sudando, incluso sin querer se le cayeron las llaves. Fue entonces cuando comenzó a escuchar lloriqueos con los golpes, toma las llaves rápido, escoge la correcta y la lleva hacia la cerradura.

Pero el hombre no ha terminado de insertar la llave en la cerradura cuando con terror oye otro sonido familiar. El sonido de la puerta principal abriéndose, y de Maria entrando.

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